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Maternidad

Maternidad

Porqué una vez que te conviertes en mamá, nada vuelve a ser igual.

¿Cuántas veces no nos hemos preguntado después del nacimiento de nuestro peque si volveremos a ser las mismas de antes? ¿Cuántas no nos hemos mirado en el espejo y no nos gusta lo que vemos? Estrías, kilos de más, manchas en la cara, caída de cabello, cansancio, cambio hormonales y más nos agobian en silencio mientras frente a los demás, en un inicio simulamos estar perfectas y conformes.

Aunque no todas las mamás corremos con la misma suerte, pues sé que hay muchas que recuperan su figura, no les quedan estrías ni nada de eso, lo cuál me parece una maravilla y estoy de acuerdo en que se sientan felices por ello. Pero las que no tenemos la misma suerte no debemos molestarnos por eso.

Sé que puede parecer difícil o por lo menos lo ha sido para mi, y es precisamente de eso de lo que les voy a platicar.

Cuando me embaracé de mi primer hijo tenía 18 años y pesaba 60kg no tenía estrías y era delgada, estaba feliz con mi cuerpo. Conforme el embarazo avanzó, obviamente mi cuerpo fue cambiando y me salieron estrías las cuales a pesar de que me embarre de todo tipo de cremas y aceites que si bien me ayudaron a disminuir la comezón y a atenuar dichas marcas, no evitaron que me salieran, supongo que mi genética y mi tipo de piel eran propensas a que esto sucediera.

En ese embarazo subí 13kg y me quedé sólo con 5, lo cuales fue difícil bajarlos pero no imposible, no fue fácil para mi, cómo supongo no lo es para muchas, verme al espejo y ver mi abdomen flácido y con estrías, al principio entre los cambios hormonales, me sentía fea, mi ropa no me quedaba y no me sentía cómoda en mi nuevo yo.

¿Mi nuevo yo? Así es, una vez que te conviertes en madre, nada vuelve a ser como antes y es normal que haya en nosotros algún rastro notorio a la vista o no de esa maravillosa transformación. Me costó trabajo aceptarlo pero aprendí a vivir con ello.

Con la llegada de mi segundo peque subí más de peso de lo que hubiera imaginado, y ese amor que había abrazado con tanta fuerza por un momento se esfumó. Ser mamá de 2 niños me era muy agotador, me sentía muy cansada, no tenía ni un minuto para mi, o al menos eso sentía yo.

Hasta aquel día en que me arme de valor, me vi al espejo, lloré un poco y me dije “Cambia lo que puedes, lo que no amalo y acéptalo pues hoy eso es lo que eres”, y así me lo repito hoy cada vez que me siento bajoneada.

Yo como experiencia personal les puedo recomendar que amen a su nuevo yo, pues son maravillosas, dieron vida a un nuevo ser y eso no es cualquier cosa, si alguna marca quedo en tu cuerpo a pesar de que hayas hecho de todo por evitarlo, acéptala como parte tuya, todo tiene solución. Podemos buscar cremas que nos ayuden a atenuar las estrías, el paño o reducir las espinillas, podemos tomar vitaminas para sentirnos más llenas de energía y disminuir un poco la caída del cabellos, podemos llevar una dieta balanceada y salir a caminar con nuestros peques 20 o 30 minutos para ayudar a bajar de peso, podemos buscar ropa bonita y que nos haga sentir hermosas y femeninas, podemos buscar la manera de hacer un tiempo para maquillarnos y sentirnos bien.

Lo importante es que te ames y te aceptes para que así puedas hacer que tu hijo haga lo mismo.

Y para que vean que no les miento les muestro que mi abdomen no es perfecto quizá para los demás pero para mi lo es porque albergó a los dos seres que más amo en esta vida.

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Yo amo y acepto mi nuevo yo ¿y tú?