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Niños

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Las tareas de los peques deberían de ir más allá de las repeticiones.

¿Cuántas veces hemos oído que los niños en primaria y secundaria no tienen tiempo para salir a explorar el mundo porque “tienen mucha tarea”? Más de las que nos gustaría a todos. Pasar seis o siete horas estudiando en un salón de clase, y luego llegar a casa, comer y seguir haciendo tareas relacionadas con lo visto en clase, me parece una monotonía intelectual que merece, al menos, una revisión profunda que nos permita entender cuál es la finalidad de las tareas en casa.

Por un lado, la tarea debería de ser una oportunidad para el desarrollo personal del alumno, un tiempo para explorar el mundo fuera del salón de clases en compañía de amigos o familiares, con el fin de adquirir habilidades útiles para la vida; el tipo de habilidades que no se aprenden en el aula. Además, las tareas deben fomentar la generación de estudiantes autodidactas, creativos y curiosos: deben servir efectivamente para que los estudiantes profundicen sus conocimientos, y los apliquen en el mundo.

Ya sé qué están pensando los defensores de la tarea tradicional: “los niños necesitan repetición para afianzar conocimiento”. Tienen razón.

La repetición es fundamental en la educación. No obstante, también importa -al menos al mismo nivel- la construcción de la curiosidad.

Uno de los problemas más comunes es que no se les explica a los niños para qué sirve lo que aprenden. Las tareas son una oportunidad maravillosa para hacer justamente esto. Fomentar la comprensión práctica de esos nuevos conocimientos, y hacerles ver que entre más sepan del mundo, más lo van a disfrutar.

Las tareas tradicionales están basadas en la repetición. Incluso hoy, casi todas ellas son iguales para cada niño, y principalmente se basan en repetir información vista en clase.

El problema con este enfoque es que no a todos los estudiantes les gustan las mismas cosas, ni tienen los mismos talentos, ni necesitan repasar lo mismo. Por otra parte, casi siempre las tareas revisadas se quedan en el olvido. No es de extrañar que los niños no encuentren motivación para hacer trabajo escolar en casa.

Imaginemos una tarea que se adapta a la personalidad, talento y necesidad académica de cada pequeño, que se enfoque en despertar la curiosidad de nuestros niños y adolescentes.

Una tarea que no quite a los estudiantes el tiempo con su familia y amigos. Una tarea compuesta por proyectos que ellos mismos propongan. Puede ser tan variados como la construcción de una casa en un árbol, el diseño de un videojuego, el desarrollo de un deporte y la medición de signos vitales de su cuerpo para mejorar su rendimiento. Puede ser cualquier proyecto que satisfaga sus intereses y en los cuales simultáneamente pueda aplicar lo visto en clase de manera creativa.

La tarea debe favorecer la interacción del niño con el mundo exterior, para que lo experimente profundamente de primera mano.

¿Cómo se vería una tarea de este tipo? Por ejemplo si a un niño le gusta mucho la música, podemos dejarle de tarea ir a un concierto de la orquesta sinfónica de la ciudad en la que vive, para que –por ejemplo- investigue las obras que comprenden el programa de dicha función y su contexto histórico. El alumno podría documentarse en internet, leer sobre la biografía de los compositores de las obras que se interpretarán, entrevistar a uno de los músicos de la sinfónica, disfrutar del concierto y prepararse para compartir su experiencia ante la clase al otro día. Además, una tarea de este tipo podría servir para que el niño escoja un instrumento que le gustaría aprender. Para un niño que disfruta la música de manera natural, sería interesante y divertido hacer este trabajo. Y es que, debemos tener presente que las tareas deben de ser un gozo, en la mayoría de las ocasiones.

Este nuevo tipo de tareas, basadas en la adquisición de experiencias y la realización de proyectos, tienen un propósito específico: mejorar la vida del estudiante, a diferencia de estudiar para pasar un examen.

Un efecto secundario positivo de este tipo de tareas es el vínculo académico-emocional que provoca el hecho de que maestro y estudiante diseñen -juntos- el trabajo que éste debe hacer fuera del horario escolar, partiendo de la curiosidad, los retos académicos y los talentos del niño.

Otra ventaja de este tipo de tareas es que tienen horarios flexibles y apoyan la agenda de la familia del estudiante. Las tareas no deben ser excesivas ni deben invadir los periodos de vacaciones; entendemos que las familias necesitan tiempo para estar juntas, compartir momentos íntimos y realizar actividades extra escolares. Tenemos que dejar la libertad de gestionar el tiempo de descanso y ocio al propio estudiante y a su familia.

Las tareas no deben encerrar a los niños por la tarde nuevamente en un salón de clase, todo lo contrario, la tarea es su ventana al mundo.

Autor Edgar Barroso
Twitter: @edgarbarroso

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